El diario español EL MUNDO informa que las refinerías del Reino Unido se han despertado hoy paralizadas por una huelga cuyos motivos oscilan entre el proteccionismo y la xenofobia. Sus empleados han salido a la calle para reclamar al primer ministro, Gordon Brown, que defienda sus puestos de trabajo frente a una amenaza: la proliferación de contratos de construcción con empresas extranjeras, que abaratan los costes de sus proyectos contratando mano de obra barata de países del resto de Europa. La mecha ha prendido en la refinería de Lindsey, en el condado de Lincoln. El motivo, el contrato para la construcción de la planta de desulfurización del centro, que la empresa Total ha firmado con el grupo italiano IREM. Los vecinos de la zona se quejan de que los 600 trabajadores contratados por IREM son italianos o portugueses venidos expresamente para la obra, y ninguno de los trabajadores británicos que empiezan a engrosar estos días las listas del paro, advierte EL MUNDO.
Los sindicatos aseguran que empresas como IREM excluyen a los trabajadores británicos por motivos de ahorro. Los contratistas aseguran que lo hacen porque no encuentran trabajadores con la formación específica que requieren ciertos trabajos. Sea como fuere, miles de personas han salido a la calle para exigir al Gobierno medidas para evitar lo que consideran un atropello.
Por el momento, el suministro petrolero está garantizado pero la policía ha advertido que crece el enfado en las concentraciones y los sindicatos avisan de que el asunto tiene difícil solución.
En el corazón de la protesta se halla una promesa de Gordon Brown. La pronunció poco después de ser nombrado primer ministro, cuando dijo que velaría por proporcionar “empleos británicos para trabajadores británicos”.

