Todavía escuece en el Reino Unido el recuerdo del duelo nacional por Diana, princesa de Gales, tras su trágica muerte a los 36 años de edad, dice EL PAÍS. La reina Isabel II y, con ella, los Windsor se han recuperado del bache de popularidad sufrido tras la crisis, pero nadie ha olvidado del todo las imágenes de aquel espectáculo desbordante de lágrimas y lamentos provocado por el accidente que se produjo en París, el 31 de agosto de 1997. Mucha gente recuerda aquellos días con un poco de vergüenza. “Fue como una explosión de catolicismo latinoamericano, al estilo de lo ocurrido a la muerte de Eva Perón”, concede Richard Kay, especialista en asuntos de la realeza del DAILY MAIL, el periódico de las clases medias profundamente británicas. Los súbditos de Diana que lloraban su pérdida eran precisamente la gente de a pie que se emociona con las peripecias de East Ender o Coronation Street, series de televisión que llevan treinta años en antena, publica EL PAÍS. En un país donde las clases populares han aportado poco a la idiosincrasia nacional -construida sobre el patrón de la nobleza estirada y las clases altas, famosas por su impasibilidad emocional-, Diana representaba, con su carácter efusivo, a una masa sin voz.
Diez años sin Lady Di
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