La semana pasada diversas mediciones dieron cuenta de que, contrario a la apuesta de muchos, poco o nada cambió la preferencia electoral por Enrique Peña Nieto, a pesar de los errores que, cuando menos en dos ocasiones, cometió enfrente de la prensa. Por ello se hace necesario ampliar las miras y arrojar cuando menos un poco de luz para explicar un fenómeno complejo y de muchas aristas.
Cuando en la Feria Internacional de Libro –la segunda más importante del mundo-, Peña fue incapaz de nombrar los 3 libros que habían marcado su vida, #LibreriaPeñaNieto se convirtió en trend topic mundial, el incidente dominó columnas y análisis, lo que hacía pensar que, inevitablemente, la preferencia de los electores sobre Peña cambiaría, y con ello su preferencia.
Los resultados de la Encuesta Nacional en Vivienda de Parametría levantada en enero, muestran que, lejos de lo esperado, el PRI mantiene la intención de voto (49% de preferencia efectiva).
Algunas de las razones que explican este fenómeno son primero: los niveles de información de los electores. El error en la FIL es conocido solamente por 45% de los mexicanos. De los enterados, un tercio son priistas (quienes difícilmente cambiarán su posición) y un cuarto independientes.
Días después de la FIL, el precandidato priista erró de nuevo al decir el monto del salario mínimo. Este incidente, que de nuevo despertó críticas y burlas, fue aún menos conocido por los mexicanos, con apenas 38%.
Al ver la reacción en redes sociales, muchos erraron al magnificar el alcance. Hacia finales del año pasado, únicamente 50% de los mexicanos decía haber utilizado, alguna vez, una computadora, mientras que apenas el 45% decía haber accedido a internet. De aquellos conectados a la red, más de un tercio (36%), comentó hacerlo de forma ocasional.
Segunda razón: uso de internet. Poco más de la mitad (53%) de los encuestados en diciembre de 2011 declaró que nunca realizaba búsquedas de política, democracia o gobierno; mientras que seis de cada diez (68%), tampoco se interesaban en buscar información económica o de finanzas. Las búsquedas más populares y constantes en internet son de entretenimiento, arte o música.
Tercera razón: quienes no votarán por Peña son precisamente los que más le critican; esto es, el ruido provocado por los errores del priista viene de quienes no votan ni se identifican con el tricolor, de ahí que no se haya movido el dato de preferencia.
Son más quienes justifican a Peña –considerando que el dislate se debió a un problema de recordación-, que los que piensan que el precandidato priista no lee: 47% frente a 44%. El cruce por identidad partidista muestra que la mayor parte de quienes aducen a la memoria el error de Peña son priistas, los más críticos son panistas.
Cuarta razón: la preferencia por Peña, y su imagen, están ligadas a la evaluación de su gobierno. Una encuesta realizada en junio del año pasado –cuando Peña era todavía gobernador del Estado de México- revela que el 75% de los mexiquenses aprobaba el desempeño del Mandatario, con apenas 23% de desaprobación (siendo con ello uno de los gobernadores con mejores niveles de aprobación del País).
Si el desempeño de Peña como gobernante es bueno para ocho de cada diez de sus gobernados, es probable que poco les importe a éstos si el entonces gobernador sea una lector asiduo.


Bueno, esto puede ser cierto en el corto plazo. Pero poco a poco irá permeando la percepción de que Peña Nieto es bastante inepto e incapaz de contestar correctamente preguntas sencillas. La verdad da Peña Ajena.