Amparado en el anonimato, hace unos días un joven me amenazó. Pedí en Facebook que me ayudaran a descubrirlo. Me ayudaron. Quedé a un paso de solicitar la intervención de la Policía Cibernética de la PFP, porque el chico me explicó en un correo (disculpen su ortografía) lo siguiente: “hermano lo siento / ni te conosco no kiero pedos / se me hiso facil comentar en tu blogg / no kiero meter en pedos a mis vecinos de kien me robo la red”. No los aburro (leer alejandropaez.net). Voy al grano: tengo un serio problema con los nicks (nicknames, nombre descriptivo que reemplaza al oficial); con los avatares, su versión gráfica; y con cualquier símbolo que sustituya la identidad en Internet. Su uso comenzó apenas a mediados de los 80 del siglo pasado y está vinculado con el nacimiento de la red de redes. Acepto que en un principio, mientras anunciaban una nueva era, los nicks sirvieron para provocar diversidad de opinión y mayor tráfico a las páginas de discusión. Ayudaron a participar en los sitios en los que la identidad es lo de menos (chats sobre sexo, por ejemplo) y permitieron acortar y dar seguridad a los nombres de usuario o usernames de nuestras cuentas de correo electrónico, Facebook, blog, Twitter, etc.
ALEJANDRO PAEZ VARELA, EN EL UNIVERSAL: “Mi problema con los enmascarados”
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