MILENIO publica que para Tomás Eloy Martínez (1934-2010) su visión del periodismo significaba una responsabilidad con el lenguaje; al mismo tiempo, dicha responsabilidad implicaba el compromiso de dar cuenta de manera encarnada los hechos del hombre, y una actitud de escritura acorde con ello. Estos planteamientos derivarían en una ética del quehacer periodístico y en una obra que es un parteaguas en nuestras letras. Si para el autor la redacción “del más anónimo de los boletines” significaba una poética, cuantimás lo era el punto de vista con que se debía informar acontecimientos fundamentales para nuestro devenir. En la antología La otra realidad (Fondo de Cultura Económica, 2006), Tomás Eloy cita a Borges: “en algún instante decisivo, la suerte de un hombre resume la de todos los demás”. Encontrar y narrar la hybris, el conflicto de fuerzas que desata acciones y la anagnórisis de ese hombre (entendido como arquetipo) implicado en un acontecimiento real, es lo que mostraría en su profundidad la magnitud social, política y trascendente de ese hecho. Así, el hablar del vuelo de una mariposa herida para hablar de una tormenta, fue la consigna que marcó el trabajo de Tomás Eloy Martínez pero sobre todo la ética con que renovó el quehacer periodístico de nuestro continente, advierte MILENIO.
Sus textos periodísticos, y sus crónicas maestras, La pasión según Trelew (1974) y Lugar común la muerte (1979) además de Las memorias del general (1996), son un magisterio de esta ética. También lo es, en grado mayor, La novela de Perón (1985) pero sobre todo Santa Evita (1995), porque representa una vuelta de tuerca a la non fiction. El siguiente diálogo reúne y sintetiza diversas conversaciones sostenidas con él a lo largo de varios años y pretende una revisión de la temática y estética con que ha forjado sus obras más significativas, las que, como toda obsesión literaria de autor, trascienden el tiempo y espacio. ENTREVISTA COMPLETA EN MILENIO

